Cañuelas, Julio 14 de 1829
Señor Don Juan Lavalle.
Mi apreciado amigo:
Tengo a la vista su apreciable del 9 del corriente. Habría querido anticiparme a contestarla, pero el cúmulo de tantas atenciones que pesan sobre mí para nada me dejan tiempo, por más que me esfuerce a economizarlo. Hoy recién me es posible llenar en aquella parte; y así me contraeré a contestar cada uno de los que Vd. toca.
El regreso de Olivera me fue tanto más satisfactorio, cuanto que anhelaba por saber el resultado de los asuntos de que fue encargado. Tal es mi posición, que nada de lo que tiende a facilitar el desenlace de nuestros acuerdos, deja de obrar del modo más activo sobre mí, por remotas que sean las relaciones que lo liguen a aquél. Felizmente, a proporción que el tiempo transcurra, se remueven los obstáculos; y no podría ser menos cuando la buena fe y la sinceridad son él alma de nuestros procedimientos.
Yo no desconozco las dificultades que hasta cierto punto habrá ofrecido la total remisión del dinero; pero es preciso también que vuelva Vd. la vista sobre mi posición y no olvide Vd. un solo instante los fuertes compromisos que me ligan.
Ellos sin duda me dan un derecho a exigir de Vd. algunos sacrificios; yo no creo me los rehúse. Sobre el particular Olivera, que volvió a ésta, le habrá hablado a la fecha con alguna extensión.
La retirada de los cantones me ha sido satisfactoria, pues que ella sin duda es el mejor testimonio de la recíproca confianza que nos anima, confianza que es preciso hacer sentir a todas las clases, por todas las medidas posibles, para hacer más asequibles los grandes y justos objetos de nuestros propósitos. Yo nunca perderé la ocasión de hacerlo por mi parte contando con su reciprocidad. Desde antes lo he acreditado con el desprendimiento que he hecho de una parte considerable de las fuerzas de mi mando. Por la parte del sud sólo he conservado las partidas necesarias a la conservación del orden. Por la del norte no pudo hacerse al mismo tiempo, porque antes era preciso darles algún auxilio, y por otra parte mis atenciones no podían permitirme una costosa contracción a este particular. Estas partidas han debido ir siempre con un documento de los comandantes respectivos para acreditar su procedencia; pero después de la indicación que Vd. me ha hecho, he librado yo mismo aquellos documentos.
La remisión de las tercerolas y demás de que Vd. me habla, es ciertamente urgente. Vd. sabe mis circunstancias y sabe también lo que indispensablemente exige mi posición. Así es que espero ver realizadas las sinceras demostraciones de sus deseos laudables. Don Flipe Arana está encargado de recibir estos artículos lo mismo que el dinero, y seria conveniente fuesen puestos en algún lugar de los suburbios, adonde remitiré inmediatamente carretas que los conduzcan aquí, pues de este modo se facilitará su transporte. Olivera ha sido también encargado de hablarle sobre estos puntos, lo mismo que sobre los de San Nicolás y otros.
Las opiniones de Vd. relativas a los negocios de Santa Fe me han sido plenamente gratas. Con tales disposiciones de cuya sinceridad estoy bien penetrado, no puede absolutamente vacilarse sobre el logro de nuestros objetos. Ellas además facilitarán el desenlace de] plan general a cuyo fin es preciso cooperar por todos los medios.
Al gobernador López le he escrito recién, porque hasta ahora nada había hecho por falta de tiempo. Don Luis Dorrego saldrá pronto para Santa Fe, y va encargado de allanar los inconvenientes que pudieran ofrecerse y preparar el camino para la obra que hemos meditado, en que tanto se interesa la paz y salud pública.
La remisión total de los indios que han quedado es para mí de interés, si el que Vd. ha tomado también es para que se llenen sus órdenes al respecto. Chávez irá a esa para el efecto.
El le hablará a Vd. sobre esto, y sobre el hijo del cacique Cachú], en cuyo envío me intereso especialmente. El mismo Chávez sabe la casa en que se halla, pues lo vió aunque después se lo escondieron.
Por lo demás, amigo, con que pone Vd. término a su carta yo no puedo contestarle sin sentir al mismo tiempo una completa satisfacción.
Los sentimientos que Vd. me manifiesta, son sin duda los que yo siempre esperé y los que tienden del modo más positivo a preparar el desenlace que hace el objeto de nuestras aspiraciones. Pero al mismo tiempo es preciso proceder en este importante negocio, con todo el pulso, madurez y circunspección, tan indispensable en casos semejantes. Yo no dudo que el primer paso que debe darse en esta carrera, es, poner término a las disensiones que agitan los espíritus y amalgamar si es posible hasta los sentimientos. Sin embargo esta obra sobrado difícil, sólo es de librarse al tiempo, y a una prudencia muy circunspecta. Para ello es preciso, es indispensable, proceda un examen prolijo de las personas. Nada es más difícil, sino imposible que lograr una perfecta unión entre las grandes masas, a quienes por lo mismo que las agitan sentimientos diversos, debe siempre suponérseles disposiciones opuestas. Examínense los individuos, establézcase una distinción real entre aquellos a quienes favorecen disposiciones favorables, y los que por el contrario no los tienen. Constitúyase una liga fuerte y vigorosa entre los primeros, por manera que empleen sus talentos no sólo en favor de los grandes objetos a que son dirigidas nuestras aspiraciones, sino aún, a reprimir los conatos, !os esfuerzos que llevan una dirección contraria, con que no dejarán de oponerse los hombres constituidos fuera de aquel circulo. Hágase esto y todo se ha logrado.
La exclusión por una parte, la imposibilidad por la otra, de satisfacer viles pasiones, irán poco a poco y por grados insensibles disminuyendo el círculo de los malos y aumentando en proporción el de los verdaderos amantes del país. De todos modos esta empresa será obra del tiempo y los sucesos. No hay que forzar el primero, ni anticipar los últimos, porque entonces el aborto de la empresa es un consiguiente.
Por lo demás no hay la menor duda; nuestra amistad, nuestra mutua confianza, debe ser el primer modelo que haya de ofrecerse. Si felizmente convenimos en ideas y en sentimientos, si la prosperidad de nuestra patria es el gran término de nuestros deseos ¿qué puede separarnos? Nada y nada. Así lo siento y así lo espero. Es preciso pues trabajar en ese sentido; yo no dejaré de hacerlo contando con la reciprocidad de que estoy seguro.
Basta por ahora, mi amigo; y al concluir, permítame le reitere los sentimientos de afecto, amistad y consideración con que es suyo.
Juan Manuel de Rosas
fuente:http://www.lagazeta.com.ar/
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