"En este estado vi al Teniente Arana que lo rodeaban muchos hombres a quienes decía a voces"Allí está el General Paz; aquél es el General Paz" señalándome con la mano; lo que robustecía la persuasión en que estaba que aquella tropa: era mía. Sin embargo, vi en aquellos momentos una acción que me hizo sospechar lo contrario y fue que vi levantados sobe la cabeza de Arara uno o dos sables en acto de amenaza. Mil ideas confusas se agolparon a mi imaginación ya se me ocurrió que podía haber desconocido los nuestros; ya que podía ser un juego o chanza común entre militares, pero vino en fin a dar vigor a mis, primeras sospechas las, persuasiones del paisano que me servía de guía para que huyese por que creía firmemente que eran enemigos. Entretanto ya se dirigía a mí aquella turba y casi me tocaba cuando dudoso aún, volví las riendas a mi caballo y tomé un galope tendido. Entre multitud de voces que gritaban que hiciera alto, oía la mayor distinción una que gritaba a mi inmediación “Párese, mi General, no le tiren que es mi General” y otra vez “Párese mi General”. Este incidente volvió a hacer renacer mí la primera persuasión de que era gente mía la que me perseguía, desconociéndome quizá por la mudanza de traje.
En medio de esta confusión de conceptos contrarios y ruborizándome de aparecer fugitivo de los míos, delante de la columna que había quedado ocho o diez cuadras atrás tiré las riendas de mi caballo y moderando en gran parte su escape volví la cara para cerciorarme, en tal estado fue que uno de los que me perseguían con un acertado tiro de bolas, dirigido de muy cerca inutilizó mi caballo de poder continuar mi retirada. Este se puso a dar terribles corcovos con que, mal de mi agrado me hizo venir a tierra.
En el mismo momento me vi rodeado -de doce o catorce hombres que me apuntaban sus carabinas y que me intimaban que me rindiese; y debo confesar que aún en este instante no había del todo depuesto mis dudas sobre la clase de hombres que me atacaban y les pregunté con repetición quiénes eran y a qué gente pertenecían ; más duró poco el desengaño y luego supe que eran enemigos y que había caído del modo mas inaudito en su poder. No podía dar un paso; ninguna defensa me era posible; fuerza alguna de la que me pertenecía se presentaba por allí, fue, pues preciso resignarme y someterme a mi cruel destino"
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